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Ventosidad vaginal

Anoche no pude dormir. Di vueltas, conté ovejas, de todo con tal de eliminar del pensamiento ese título crudo y nefasto que me atacó temprano en la mañana al leer el periódico: Normal la ventosidad vaginal.

No me dio el alma para leer tal noticia, mucho menos para imaginarla. Ventosa es una palabra que asocio con huracanes, con tormentas, vaguadas y ondas tropicales. “Tenemos una mañana ventosa…. La noche estará ventosa… Advertimos que será una tarde ventosa”. O sea, ventosa de vientos, de aires que nos acarician, de brisas que nos refrescan, de ráfagas que nos alborotan. Nada más. Jamás la relacionaría con la bendita vagina que me ha colaborado en las faenas sexuales y en la manufactura de mis cuatro hijos, que acá entre nos, me quedaron de lo más bonitos. No quiero saber lo que significa una ventosidad vaginal. Tengo una mente bastante creativa así que prefiero rechazar lo que este título me invitaría a imaginar.

Por presentá he buscado la palabra en el diccionario. “Ventosidad: gases intestinales encerrados o comprimidos en el cuerpo, especialmente cuando se expelen”. Nada más con el testigo. Prohibido totalmente imaginarse un ratatatá asomándose por esa parte del cuerpo, explotando libre y suelto como gavete hacia el exterior. No, no, no. Bastante tengo ya con aguantarme los anuncios de esas empresas que viven de uno de nuestros tormentos, la menstruación, a la que, por cierto, nunca supe por qué coño le apodaron regla. Seguramente habrán visto ustedes la proliferación de productos en esa materia. Toallas sanitarias de todos colores, formas y empaques, es más, hasta para utilizar con el g string, que perdónenme, a mi no me hace sentido porque en mi caso quedaría totalmente atrapada y tragada por las nalgas. Tampones de todos los gustos y colores, ah, y hasta orgánicos. Toallitas húmedas, pastillas para el dolor, cremas, duchas. Válgame Dios… en qué clase de negocio se nos ha convertido la tota!

Hace poco vi una campaña publicitaria en televisión que es casi un manual de instrucciones. Usas un pantyliner (que suena a cortina de baño), un tampón y también te llevas en tu cartera – que a juzgar por tanto motete será un bolso gigante – un paquete de toallitas húmedas para refrescarte cada par de horas. La voz del anuncio suena a mujer joven, deshinibida, feliz porque tiene en su bolso cuatro productos para la llamada higiene femenina. Pero me cago en diez!!!!! 

Volviendo a la ventosidad vaginal, que me ha dejado marcada para toda la vida, me encantaría saber qué aporta el tema a la sociedad puertorriqueña y si la noticia respondió a la inquietud de miles y miles de mujeres que, cansadas de que su vagina ventée, han escrito a los medios y a los profesionales de la totología para encontrar una explicación a ese fenómeno que les carcome su autoestima. Digo, supongo que han escrito a esta gente que no conocen como único remedio porque en las chácharas entre amigas la ventosidad no es tema de conversación. Imagínense… “nena, tu vagina ventea?”, “chica, anoche estaba con mi novio y de repente zás! una ventosidad vaginal?, “amiga, puedes recomendarme algo para que mi vagina deje de ventosear?”.

Ventosidad vaginal…. es que no me quiero ni enterar.

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