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Happy birthday to me!

Esto de cumplir años es muy chévere para quienes no tenemos reparos en ventear la edad a boca de jarro, para los que nos preciamos de cumplir uno más. Supongo que debe ser espantoso para esa gente que no se resigna a que la vida es así, siempre pa’ lante y nunca pa’ trás y que eso del retroceso es cosa de películas de ciencia ficción con maquinitas que te devuelven al pasado o te conservan en un envase gigante de alcohol – que no es lo mismo que alcoholizado – para despertarte años después solo y en un mundo tan desconocido que de golpe y porrazo te vira el cerebro al revés.
Se siente muy cool llegar a mis 57. Y me celebro – ¡claro que me celebro! – porque en ese proceso al que le llaman madurez aprendes y entiendes que celebrarte, amarte y respetarte es la plataforma de despegue (como la de las naves espaciales ) para celebrar, amar y respetar a los demás. Y de eso se trata la vida – acá en mi humilde opinión y mi inteligencia medianita – de vivir y convivir en este escenario, tiempo y espacio que nos ha tocado reconociendo lo que somos y lo que son los otros….encontrando ese punto medio en el que todos somos buenos – como si fuera esa unión de dos núcleos que alguna vez dibujaron en la pizarra de la clase de Ciencias – y dejando afuera ese resto que todos tenemos de maldad y que merece ser enviado con pasaje de ida y no de vuelta a las ventas del carajo.
Soy una mujer espléndida y estoy lista para la vida, slogan que he creado, adoptado y comparto porque me parece importante tomar conciencia de que cada día es una nueva oportunidad, una nueva aventura, vamos, un reto con musiquita de Twilight Zone: tiruriru tiruriru tiruriru…. ¡Me queda tanto por vivir! ¡Tengo tanto por alcanzar!
En estos 57 me parece fantástico darme cuenta de que en realidad no tengo edad, o que puedo pasearme entre ellas dependiendo del momento y de lo que me apetezca. Comparto con gente joven tal cual lo hago con los que me sobrepasan en años. Me siento cómoda en cualquiera de los escenarios aunque en uno, por supuesto, tenga más experiencia. Okey, libras y canas también aunque cabello tengo de menos. Voy dominando los avechuchos tecnológicos que aparecen en el camino con bastante garbo y me paseo entre las nuevas actitudes sin problemas. Ante el tranque de opiniones soy muy directa: no pasa nada.
Sigo estando a la altura de los principios heredados de mi madre, aunque alguna vez amenazo con un arrebato bichístico – cuando me pongo “bicha” lo hago con aire y tono de intelectual – que me dejaría muy por debajo. Ya no me importa el abandono de mi padre – bueno sí, tres caraaaajos (con voz de Lizmarie Quintana) -, tampoco el olvido de esa familia que se negó el break de tener dos seres extraordinarios como lo somos mi hermano y yo. Hubiera sido más emocionante que el otrora Break de la Esperanza y lo de extraordinario lo digo como debe ser, sin humildad y con patada en el culete. Me siento en paz, apasionada y con ganas de emprender una ruta inédita en la que todo es posible, en la que todo tiene ese olor a nuevo que despiden los asientos de los carros. Me siento maravillosa, completa, valiosa y valiente. Y tengo el tintero lleno de planes y sueños. El día en que se vacíe entonces para qué seguir.
Hoy me celebro como mujer, esposa, madre, amiga, profesional y puertorriqueña. Ninguno de estos roles va primero. Las mujeres somos un revoltijo de poderes y lo somos todo a la vez. Celebrándome celebro – redundancia total a la que tengo derecho – a todas las que como yo caminan por el mundo con bastante aplomo y dignidad. Cuando río lo hago a carcajadas, ahogada y con ajoguillo (creo que también me invento palabras). Cuando hablo lo hago alto porque de tanto escuchar me voy quedando sorda y por consecuencia tengo el volumen en high. A la hora de comer me “jarto” y cuando bebo whisky me relambo. Cuando opino lo hago sin miedo, como me venga en gana, y cuando bailo me arrastro como si me poseyera el espíritu de Tembandumba de la Quimbamba.
No me da temor ni verguencita cometer un error, el que no se arriesga no gana y tengo bastante misericordia conmigo misma a la hora de rectificar. No tengo reparos en decir que creo en Dios, porque cada cual que crea en lo que quiera.
Me celebro hoy porque siento que de alguna manera lo que soy le rinde tributo a mi madre Ana Rita y a mi abuela Aurora y le da ejemplo a mis hijas Antonella y Lorena. Me celebro en honor a mi tío Rafael y a mi abuelo Modesto y de una vez le doy ejemplo a mis hijos Antonio y Lorenzo. En materia de hijos me emociona a diario – es como una cosa que me estruja el corazón con ganitas de llorar pero de las buenas – reconfirmar que toda esa gente vivió dentro de mí, en ese espacio dentro del útero y cercano a los ovarios. ¡Qué cosa tan cabrona!
He jodido a mi marido para que me preparara una esquinita de la casa, un rinconcito privado único y exclusivo para mi. Es una terraza super chiquitita habitada por un chais lounge blanco, un matojo plástico – en principio eran plantas naturales pero las asesiné – y una mesita para mi laptop nueva, flamante, último modelo y de caparazón dorado – con audífonos dorados y todo – que me regalé porque algo me dice que tengo mucho por escribir. Así que aquí estoy, en esa esquinita privada escribiendo las primeras líneas de estos 57 que cumplo hoy 16 de enero.
En un arranque de egoísmo digo en voz alta ¡Feliz cumpleaños Uka Green! ¡Feliz, feliz en tu día!….porque te lo mereces, porque te lo has ganado y porque sí, carajo, porque sí.
Uka Green /16 de enero de 2018 / Puerto Rico