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Fanática de los culos

(Nota del autor: Esta columna fue escrita en el 2009 y publicada en el 2010 en libro Uka Green Cuarentaytantos. Pero como necesitamos sacudirnos la modorra de la política y reir…. aquí está).

Mi nombre es Uka Green y soy fanática de los culos.

Nadie escribe sobre el culo. Esta es mi oportunidad dorada de ponerme el vestido de pionera y lanzarme, literalmente “a panty quitao”, para reivindicarlo. Supongo que lo correcto sería hablar sobre las nalgas pero qué va, a las nalgas siempre las llamamos culo.

Al pobre culo lo hemos tratado como eso, como un culo. Ha sido maltratado e ignorado y ya es hora de que le demos su justo lugar. Ese infeliz pedazo del cuerpo ha soportado horas y horas de apretujamiento y calor en pupitres, sillas, bancos de iglesias, butacas, sofás, carros y hasta en fríos y rígidos carritos de machinas. Ha sostenido nuestro peso con dignidad libra a libra. Se ha acomodado en aviones, guaguas, autobuses, deportivos, ascensores, salitas VIP, discotecas y hasta en fastidiosos sillines de bicicleta que le han dejado impresa su marca. Si pudiera hablar, en más de una ocasión el culo nos hubiera gritad help, auxilio, socorro,

S O S, que me estás mataaaandddoooo.

También ha sido nuestro aliado en batallas de conquistas comprimiéndose dentro faldas, vestidos, pantalones y mahones apretados en los que ha quedado trinco, tieso, y asfixiado, pero definitivamente perfecto.

La ciencia no ha sido justa con el culo. Se habla y se elogian las cirugías de tetas, las abdominoplastías (que en buen castellano significan la cortada de barriga de cerda), la liposucción (o sea, la chupada de chichos y rollos) y hasta las de ojos, boca y cara, que dejan a uno más estirado que una dama cívica en campaña por la presidencia y hasta te cambian la nacionalidad. Ultimamente hasta se habla de la reconstrucción vaginal, pero uyyyy, sobre ese tema no quiero hablar.

No se habla de cirugías de culo. No. Quizás se mencione la colocación de implantes en las pompis o en el derriére, que así le llama la gente fina. Pero más nada. Los médicos no van a los programas de televisión para informar sobre los maravillosos avances en la cirugía del culo. Ni siquiera le dedican un infomercial en un canal de videos de esos que uno mira con un solo ojo en medio del desvelo.

Eso sí, se habla mal del culo. Si te ves mal, pareces un culo… si te sientes mal, te sientes como un culo… si un lugar queda lejos, entonces queda en el culo del mundo….y si a alguien vas a insultar, entonces es que lo vas a poner como culo.

La cantante Selena intentó darle al culo su justo lugar y en representación de todas las culonas tex mex lo sacó a pasear, lo apretujó en pantalones y vestidos de gala, lo bamboleó en escena y lo llevó de promoción con orgullo.

Del cielo llegó Juanita López, o sea, la JLO, con el culo más grande, parado, respingón y protagónico que Hollywoodlandia había visto. Los dejó boquiabiertos con aquel culibombo niuyorican. Así que el culo se puso de moda en los red carpets y en las portadas de revistas.

El otro día le dije a mi amigo salsero que siempre he tenido la teoría de que el culo es lo que nos define. Le hablaba en tono serio y queriendo explicarle, pero le dio tal ataque de risa que no pude continuar… mmmm, yo creo que no quería escucharme hablar sobre el suyo, que anda últimamente atribulado por la crisis mundial.

Hay culitos redondos, compactos, altivos, orgullosos, que lucen una seguridad impresionante al contonearse y caminar dando saltitos. Sus dueños van erguidos, derechos, jurando que acaban, esssooo perra, que aquí está tu macho. Y sus dueñas los llevan balanceándose en unas tacas de cuatro pulgadas, ahogados, asfixiados y apretados, azota mamota.

También hay culitos deprimidos, afectados, tristes, inseguros, con problemas de autoestima, y van por ahí sin hacer mucho ruido, pasando inadvertidos, caminando como agachados, viviendo del recuerdo.


Los hay también inexistentes, los que nunca llegaron a desarrollarse. Esos sobreviven como pueden, evitando llamar la atención, tapaditos con alguna pieza de ropa, disimulando, calladitos, pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

Los culos son otra cosa. A esos les queda la dignidad, el pasado, la memoria y van por la vida batallando en contra de la ley de gravedad. Van mostrando lo poco que les queda antes de que comiencen a esmirrearse, churretearse… qué horror, que van cayendo y para colmo se vuelven cuadrados, terminando en una v que les da un aire de trasero de elefante.

Y los culetes, ay, los culetes, esos se ríen solos, son felices,  burlones, se sienten superiores y hasta se aplauden. No les importa nada, excepto remenearse. Siempre llamando la atención, siempre dispuestos a recibir un pellizco, una mano amiga que los apriete y les haga sentir tan vivos como se sienten. Los culetes piensan que no hay culo como el suyo. Regordetes, rechonchos, simpaticones, que se jodan los estándares de belleza coño.

Nadie escribe sobre el culo. Hemos hecho historia. Y estoy segura  de que al llegar a la casa y muertos de curiosidad, arrastrarán la silla más cercana, o cualquier pequeño taburete, se treparán frente al espejo para mirarse el culito, el culo o el culete.

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